Thursday, January 31, 2013

El Combate

Aquí los dejo con un cuento que escribí hace un tiempo atrás.  Basándome en la histórica batalla de "El Combate", ocurrida en 1769, narro brevemente cómo el interés que tenía el pueblo de Aguada en adquirir  las preciadas salinas de Cabo Rojo terminó en el encuentro violento que nos otorgó a los caborrojeños el apodo "los mata con hacha".


"El Combate"

Por: Desirée González

Mi nombre es Felipe Ignacio de Gallego y les contaré los sucesos de el legendario Combate de las Salinas.
Era  una mañana cálida en el año 1769 en la costa suroeste de Puerto Rico. Los rayos de sol entraban por mi ventana  y así daban vida a otro magnífico día en el caribe.  Al abrir los ojos mi primer instinto fue besar gentilmente a mi hermosa esposa y agradecer a Dios por brindarme otro día para vivir.  Me encontraba de camino para reunirme con mis colegas ya que teníamos que discutir un tema controversial.  
Hacía unos días se estaba rumorando el interés extremo que Aguada estaba manifestando por Las Salinas y se especulaba un posible ataque. Todos tenían opiniones distintas sobre el tema. Unos asumían que estos tratarían de invadir nuestro territorio pero otros pensaban que no serían capaces.  ¿Que haríamos de ser cierto los rumores? Por esta razón, decidimos reunirnos para desarrollar un plan de contingencia en caso de que ocurriera el ataque.

Fuí el segundo en llegar a nuestro lugar de encuentro; la hacienda de don Manuel Castellano. Ya se encontraba allí el Sr. Lorenzano, mejor conocido como “el General”. A los pocos minutos de saludarnos, llegaron los hermanos Corderos, seguidos de una veintena de campesinos. Los ánimos estaban caldeados y todos hablaban a la  vez. Al notar el descontrol de nuestros compañeros el General tomó control y silenció a todos. Este repitió:
-Hemos venido hoy con el propósito de discutir la posibilidad de un ataque, pongamos nuestras diferencias a un lado para así poder enfocar nuestras atenciones en lo que realmente es importante.
El tono de autoridad era evidente en sus palabras y no pudimos evitar silenciar el bullicio.
Seguida éstas palabras comenzamos la discusión para crear un plan para defender nuestras tierras. Horas después ya teníamos el plan hecho y esa noche todos fuimos satisfechos a nuestras casas con el alivio de saber de que en caso de un ataque estaríamos preparados para defendernos.

La mañana siguiente me levanté confundido por la conmoción. Salte a mis pies de inmediato y baje las escaleras. Los sirvientes estaban agitados y cuando pregunte que ocurría, respondieron:
-Estamos en medio de un ataque.
La sorpresa fue como un golpe de agua fría. ¡Que ironía! La tarde anterior asumimos que si nos atacaban sería en una fecha lejana, pero aquí me encontraba yo en medio del evento.  Reaccione rápido y corrí por mi rifle; partí con los criados, que habían tomado machetes para defenderse, y nos dirigimos hacia el lugar de guerra.  Una vez allí me di cuenta que el plan que con tanto detalle habíamos elaborado se había ido a pique. Todos estaban actuando como dementes y se defendían con machetes y hachas. Solo se escuchaban los gritos y el sonido metálico que emergía en el encuentro de machete y hacha.

A pesar de nuestra victoria aún recuerdo con tristeza la sangre que fue derramada defendiendo nuestra querida tierra. Nunca olvidaré las expresiones de pasión, certeza, coraje y sobre todo valentía que estaban presentes en las caras de los que hicimos nuestra misión defender lo nuestro.


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