"El Combate"
Por: Desirée González
Mi nombre es Felipe Ignacio de Gallego y les contaré los sucesos de el legendario Combate de las Salinas.
Era una mañana cálida en el año 1769 en la costa
suroeste de Puerto Rico. Los rayos de sol entraban por mi ventana y así daban vida a otro magnífico día en el
caribe. Al abrir los ojos mi primer
instinto fue besar gentilmente a mi hermosa esposa y agradecer a Dios por
brindarme otro día para vivir. Me
encontraba de camino para reunirme con mis colegas ya que teníamos que discutir
un tema controversial.
Hacía unos días se estaba rumorando el interés extremo que Aguada estaba manifestando por Las Salinas y se especulaba un posible ataque. Todos tenían opiniones distintas sobre el tema. Unos asumían que estos tratarían de invadir nuestro territorio pero otros pensaban que no serían capaces. ¿Que haríamos de ser cierto los rumores? Por esta razón, decidimos reunirnos para desarrollar un plan de contingencia en caso de que ocurriera el ataque.
Hacía unos días se estaba rumorando el interés extremo que Aguada estaba manifestando por Las Salinas y se especulaba un posible ataque. Todos tenían opiniones distintas sobre el tema. Unos asumían que estos tratarían de invadir nuestro territorio pero otros pensaban que no serían capaces. ¿Que haríamos de ser cierto los rumores? Por esta razón, decidimos reunirnos para desarrollar un plan de contingencia en caso de que ocurriera el ataque.
Fuí el segundo en llegar a nuestro lugar de encuentro; la hacienda de don Manuel
Castellano. Ya se encontraba allí el Sr. Lorenzano, mejor conocido como “el
General”. A los pocos minutos de saludarnos, llegaron los hermanos Corderos,
seguidos de una veintena de campesinos. Los ánimos estaban caldeados y todos
hablaban a la vez. Al notar el
descontrol de nuestros compañeros el General tomó control y silenció a todos.
Este repitió:
-Hemos
venido hoy con el propósito de discutir la posibilidad de un ataque, pongamos
nuestras diferencias a un lado para así poder enfocar nuestras atenciones en lo
que realmente es importante.
El
tono de autoridad era evidente en sus palabras y no pudimos evitar silenciar
el bullicio.
Seguida éstas palabras comenzamos la discusión para crear un plan para defender nuestras
tierras. Horas después ya teníamos el plan hecho y esa noche todos fuimos
satisfechos a nuestras casas con el alivio de saber de que en caso de un ataque
estaríamos preparados para defendernos.
La
mañana siguiente me levanté confundido por la conmoción. Salte a mis pies de
inmediato y baje las escaleras. Los sirvientes estaban agitados y cuando
pregunte que ocurría, respondieron:
-Estamos
en medio de un ataque.
La sorpresa fue
como un golpe de agua fría. ¡Que ironía! La tarde anterior asumimos
que si nos atacaban sería en una fecha lejana, pero aquí me encontraba yo en
medio del evento. Reaccione rápido y corrí
por mi rifle; partí con los criados, que habían tomado machetes para
defenderse, y nos dirigimos hacia el lugar de guerra. Una vez allí me di cuenta que el plan que con
tanto detalle habíamos elaborado se había ido a pique. Todos estaban actuando
como dementes y se defendían con machetes y hachas. Solo se escuchaban los
gritos y el sonido metálico que emergía en el encuentro de machete y hacha.
A
pesar de nuestra victoria aún recuerdo con tristeza la sangre que fue derramada
defendiendo nuestra querida tierra. Nunca olvidaré las expresiones de pasión,
certeza, coraje y sobre todo valentía que estaban presentes en las caras de los
que hicimos nuestra misión defender lo nuestro.
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