Caminaron.
Caminaron.
Caminaron.
De repente se detuvieron todas a la vez y sintieron como el tiempo se suspendió. Fueron arropadas por un silencio melodioso.
Lograron ser extraídas de su ensueño por un suspiro universal que se escapó uniformemente. Se les hizo necesario abrir y cerrar los ojos tres veces consecutivas para asegurarse que el paraíso frente ellas no era solo una fantasía. Al asegurar su materialidad, se desprendieron de toda su ropa en un intento desesperado por formar parte del paisaje tan hermoso que las acorralaba.
Sus cuerpos entraron en contacto con la calidez del agua y repentinamente se transportaron a otro mundo. En ese mundo se encontraron protegidas por una pared de palmas y arbustos que guardaban su secreto con regocijo. El agua, tan completamente traslúcida, envolvió sus cuerpos mientras a la vez los exponía a la dulzura de los elementos. La arena, arrastrada por la brisa, les susurraba poemas al oído. Las olas las movían de lado a lado como si estuvieran en medio de un baile minuciosamente practicado.
En ese momento, tan expuestas y vulnerables, entendieron lo que era la felicidad.
El sentimiento resultó tan abrumador que el silencio que las había envuelto por unos minutos fue reemplazado por carcajadas y gritos de euforia.
Fueron mujeres libres de prejuicios y expectativas, libres de presiones y opiniones. Lograron, finalmente, librarse de la imposición paternalista que tanto amargaba sus vidas.
Fueron seres, seres llenos de fuerza que simplemente existieron.
Respiraron sus alrededores y lograron ser uno con la naturaleza que reía llena de entusiasmo y satisfacción.
Fueron rodeadas por alegría.
La alegría del mar al sentir el calor de sus cuerpos desnudos.
La alegría de la arena, algas y pececillos al no sentirse amenazados por una presencia desconocida.
La alegría del sol al pintar de bronze el canvas que eran sus cuerpos.
La alegría del viento al besarlas y abrazarlas como una vez, hace siglos atrás, hizo con los indios.
Pero más que nada reinó la alegría de cinco mujeres seguras de sí mismas, satisfechas con sus cuerpos de todos tamaños, colores y formas que reflejaban la diversidad de sus alrededores.
En ese instante, fueron colmadas paz.