Monday, April 15, 2013

Salvación Sexual


           Toda mujer soñaba con aquel distinto de ser hembra liberada.  Se sienten encarceladas en las hormonas como el estrógeno que causa aquel sentimiento ajeno de dolor, turbulencia de emoción, y la progesterona que causa la responsabilidad y buena memoria, dicha maldición de ser mujer.  Al revés, añoraban la salvación sexual, erótica.  Querían ser barbaries y liberarse una vez y siempre de ese antagonista llamado civilización, aquel que pertenece a las personas cultas.  No querían ser madres, ni hijas y mucho menos esposas; querían ser libres, hermanas, humanas.  Sus sueños siempre surgían de su deseo de oposición a la persecución sexual.
            Anita deseaba eso, sólo eso.  Esperaba un momento en que la sociedad volviera a ser bárbara y ella pudiera realizar sus deseos carnales.  Se masturbaba sola en su cama mientras hacía fantasías sexuales en su cabeza.  Cerró los ojos al sentir un alivio extremo mientras colapsaban las paredes de su vagina.  Estaba feliz, alegre, sin estrés alguno.  ¿No sería el mundo más pacífico si todos pudieran colapsar en el momento que quisieran?
            Esa noche, mientras descansaba ella, su cuerpo empezó a devorarla viva, absorbiéndola de afuera hacia adentro.  Se derretía mientras  la luna absorbía la llegada de la mañana de modo que, al día siguiente, Anita no se hallaba en su cama, mucho menos presente en algún otro lugar.  La policía encontró sólo un rastro:  dos diamantes los cuales lucía en las orejas la noche anterior.  Curioso, dijeron, si fue raptada se hubieran llevado las pantallas.


Feminine

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