Wednesday, March 20, 2013

Monarca de sensualidad

Lo primero que ocupó mi mente fue un incontrolable deseo de deslizar mi mano sobre esa zona áspera que me prometía caricias dulcemente rudas.  Anhelé acercarme y examinar detenidamente los destellos rubios y rojizos que jugaban a escondite en un mar color café.  Me seducía su abundancia y uniformidad.  Ansié desesperadamente sentir su cosquilleo atravesar con picardía el largo de mi cuerpo, que me provocara con su pasada una serie de carcajadas lujuriosas y llenas de deseo.  Codicié, con un ardor nunca antes experimentado, la cercanía a tan exquisita criatura.  Criatura por que en ese instante me encontré convencida que no carecía de vida.

Me provocaba.  Me tentaba.  Me llamaba.  

Mi reflexión fue bruscamente interrumpida por una mirada de desconcierto, proveniente del dueño de mi objeto de admiración.  Se me hizo obvio que, aunque el aun lo desconocía, los papeles habían sido invertidos y el que una vez fue amo se encontraba prisionero a ese animal feroz.

Radiaba su masculinidad y sensualidad.  

Reclamando su lugar legítimo, reconocimos como nuevo rey una majestuosa barba, culpable además de causar aceleradas palpitaciones y una recurrente debilitación en las rodillas.   

¡Que vivan las barbas, reyes del universo!



Tuesday, March 12, 2013

Persistencia de lo ilusorio


El tiempo se derrite
al ritmo de los relojes de Dalí.
Se desliza riéndose y nos abandona.

Corremos para alcanzarlo.
hacia atrás, hacia alfrente
hacia alfrente, hacia atrás

Nos encontramos seducidos por espejismos 
que convocan un futuro laureado,
consumidos por un pasado 
que agrandamos

¿Será acaso que solo logramos ser movidos 
por el vaivén de imaginarios?




Recuerdo nefasto

"Hermoso". Esa era tu palabra. Solo una de las infinitas características que te distinguía de los demás ante mis ojos. A la lista se añaden: tu voz, tu sonrisa, tu sentido del humor, tus carcajadas agudas, tus manos y tu barba (la atracción principal).

Eran las últimas semanas de Noviembre. Nuestra primera conversación (de muchas a seguir). Fue una conexión instantánea. Innegable. Inesperada.


Llegó Diciembre. Nuestra primera y última salida. Dos helados y una conversación que duró horas. La perfección que buscaba en años anteriores, creí encontrarla en ti. Claramente, no tardó en hallar su fin.


De pronto, no supe más de ti. Todo se acabó. Sin una despedida, sin una palabra, sin nada. Solamente queda el recuerdo de tu barba.





Monday, March 11, 2013

Lapso autodestructivo


  Es miércoles en la tarde y me encuentro sentada tomándome mi café.  Puedo sentir los trazos del sabor amargo con toques de canela que deja en mi lengua.  La brisa me acaricia dulcemente y me eleva a un iluminado lugar de autocomplacencia.  Experimento, con cierta extrañez, seguridad y me siento definida.  Mi mente se va aclarando y alcanzo pensar y no pensar simultáneamente.  Olvido todo aspecto de mi apariencia y logro ser... yo.  De momento me veo rodeada de oscuridad y con ella llegas tú.  Me arrebatas del cielo, sólo para arrastrarme a tu infierno.  Diriges tu fija mirada hacia mí y en ese momento sé.  Sé que, como siempre, esto es solo un juego para ti.  Aún así, la indiferencia que tanto practiqué se desvanece en un instante.  Mi serenidad es reemplazada por la radiación que emiten tus ojos.  Me derrotas miserablemente.  Tu presencia me inunda nuevamente con las inseguridades que tanto intento olvidar.  Me convierto en el infante perdido que no tiene manera de expresarse.  Me transformo en el nudo que se forma en mi garganta cada vez que te diriges a mí.  Dejo de ser yo y, en cambio, te encuentras frente a un papel estrujado, de esos que se tiran a la basura con pensamientos incompletos.  Me percato que sólo soy capaz de sentir.  Siento odio hacia ti.  Desprecio el hecho que me hagas perder control.  Detesto mi falta de identidad cuando te acercas.  Pero, más que nada, aborrezco que amo todo lo que odio de ti y prefiero ser miserable contigo que feliz sin ti. 

Saturday, March 2, 2013

Intentos Fallidos


  Por: Melissa M.

   Miro fuera de la tienda de libros donde me encontraba, tras el cristal veo la figura de una mujer envuelta en un abrigo negro y unos pantalones azules. Me ve, se sonríe y cruza la calle sin mirar. De inmediato es impactada por un autobús. Todos salen de la librería, corriendo, excepto la chica que toma el café y yo. La veo sacar un recipiente de pastillas de su cartera y posarlas sobre la mesa. Ya sé lo que va a hacer, sonreímos e ingiere las pastillas al tiempo que comienza a perder el conocimiento. Salgo entonces de la librería y me dirijo a mi apartamento. Llego al edificio y voy en dirección  al noveno piso. En el ascensor me vuelvo a encontrar con la misma mujer, esta vez se dirige al techo. Cuando llego a mi apartamento me asomo por la ventana mientras ella echa vuelo desde el vigésimo primer piso. Me doy la vuelta, me dirijo al baño y me miro en el espejo. Enseguida me desprendo de mi abrigo negro y mis pantalones azules. Lleno la bañera de agua y me sumerjo en ella. Miro por la ventana que queda a mi lado, el cielo está gris y sé perfectamente que hoy tampoco lo haré