Tomé la lamparita
en mis manos y la dejé caer al suelo. De inmediato se convirtió en
miles de trocitos regados por las losetas. Mis manos temblaban y mi rostro
enfurecido y rojo comenzaba a dejar caer las lágrimas que había aguantado por
tanto tiempo. Sobre mi cama estaba el dibujo de tus ojos que acababa de hacer. Los miraba una y otra vez al mismo
tiempo que tú te servías otra copa de vino blanco y sonreías con la chica de
pelo castaño. ¿Qué hora sería? El sol se había escondido hacía mucho tiempo. Miré
tus ojos otra vez. ¿Cuántas veces los habría dibujado ya? Creo que mil, en todo
mi cuarto había dibujos de tus ojos. Donde quiera que mirara los veía. Yo no
dormía sin esa lamparita, sin esa luz. ¿Qué voy a hacer ahora? Está hecha
pedazos. Creo que tendré que acostumbrarme a dormir a oscuras… mejor así, no
podré ver tus ojos entonces.

Me encantó. Ojos que no ven, corazón que no siente.
ReplyDeleteGracias por leer nuestro blog!! Que bueno que le haya gustado la publicación, siempre es bueno conocer las opiniones de quienes visitan nuestra página! :)
Delete